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El alcornoque
El alcornocal
Distribución
Evolución de la distribución
En torno a los bosques de alcornoques hay una discusión abierta entre los que defienden su identidad como formaciones naturales y los que atribuyen su origen a la intervención del hombre. En Cataluña, o más concretamente, en el Ampurdán, el incremento de la demanda estimuló el crecimiento de la industria taponera y, consiguientemente, multiplicó las necesidades de materia prima. Con estas perspectivas, el cultivo y aprovechamiento del alcornoque adquirió un papel económico de primera magnitud, hasta el punto de convertir estas comarcas en el centro de la industria taponera mundial durante los siglos XVIII y XIX.
Para cubrir toda la demanda, tanto los encinares litorales como los robledales de roble africano (Quercus canariensis), donde el alcornoque aparecía como un acompañante, fueron talados selectivamente, se eliminaron otras especies arbóreas competidoras y se transformaron en alcornocales casi puros. En la actualidad, el retroceso de la industria del corcho ha llevado al abandono de muchas de estas tierras, que, libres de la acción modeladora del hombre, movilizaron los procesos dinámicos regenerativos de la vegetación y volvieron lenta y progresivamente a su estado de equilibrio ecológico, como encinares o robledales. El alcornoque queda relegado a su posición secundaria, y eso se traduce en una progresiva reducción de su superficie en Cataluña.
En cuanto a los alcornocales castellonenses, el proceso fue muy diferente. La plaga de filoxera que, a finales del siglo XIX destruyó casi toda la viña europea, llegó pocos años después al País Valenciano con consecuencias igualmente desastrosas.
En la sierra de Espadán, al sur de la provincia de Castellón, grandes extensiones de viña quedaron abandonadas en los años veinte, pero muchas otras fueron sorprendentemente repobladas con alcornoques. Algunos viejos habitantes de esta sierra confirman que había alcornoques previamente, pero arrinconados en zonas desechadas por la agricultura, y hablan de los hechos localizando las vertientes transformadas. Según dicen, los ejemplares fueron traídos desde las comarcas catalanas; no obstante, estudios genéticos recientes han emparentado las poblaciones espadánicas con las de La Almoraima, en Cádiz.
En la actualidad, los reductos originales y las antiguas plantaciones se han convertido en densos bosques que se extienden por las umbrías y los valles de Espadán, una sierra recientemente protegida por la Generalitat Valenciana con la figura de Parque Natural. Este territorio constituye el núcleo principal, el más representativo y mejor conservado de los alcornocales en tierras valencianas, pero también se pueden encontrar buenos ejemplos en
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