Esta en
El corcho
Su importancia
En la literatura
Desde el siglo IV a.C, numerosos autores clásicos loan sus particularidades, aunque el uso se limitaba a tareas modestas (flotadores para aparatos de pesca, colmenas para las abejas, suelas de zapato, tapas de ánforas o material rudimentario de construcción).
Según el testimonio de Plinio el Viejo:
"[...] el alcornoque es un árbol de altura media: sus bellotas, poco abundantes, no son utilizadas. No se aprovecha más que la corteza, que es muy espesa y que vuelve a crecer según se arranca. Con ella se hacen superficies planas de diez pies cuadrados. Es empleada frecuentemente para los sedales de los pescadores, los tapones de barril, y además para el calzado invernal de las mujeres[...]” (63 a. C.).
También Horacio da testimonio de su uso en el III libro de las Odas (30 a. C.):
“Hoy es un día feliz. El corcho que recubre la resina de esta vieja ánfora está a punto de sacarse”.
El filósofo y naturalista, Teofrasto en su obra Botánica estudió sus características y ya dijo ser este árbol oriundo de los Pirineos. Varrón en su Rerum Rusticarun asegura que las mejores colmenas eran las de corteza de corcho. San Isidoro hace referencia al corcho y a su facilidad de flotación, en su célebre obra Las Etimologlas.
Tirso de Molina también hizo referencia al corcho, en los versos costumbristas de su obra "El celoso pruedente":
Chapines he visto
De corcho y de altura tanta,
Que a una enana hacen gigante
También aparece en un a de sus obras más conocidas Don Gil de las Calzas verdes para hacer referencia a la falta de claridad o rumbo del protagonista para con varias mujeres… poca cosa teniendo en cuenta quién era Don Gil.
INÉS: Enredador, embustero,
pluma al viento, corcho al mar,
no basta que a doña Elvira
engañes, que no repara
en honras que el cuerdo mira,
sino que a mí y doña Clara
embeleque tu mentira?
Quevedo en una de sus sátiras lo emplea para referirse a las mujeres:
Altas mujeres vereas,
Pero son como colmenas,
La mitad, huecas y corcho
Y la mitad, miel y cera.
Pero estos destinos humildes no evitaron que durante siglos el alcornoque acabara en la pila de leña para convertirse en carbón vegetal.
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